ABÉN HUMEYA: CUANDO LA HISTORIA VOLVIÓ A LAUJAR DE ANDARAX
Hay lugares donde la historia no termina de marcharse nunca.
A finales del siglo XV, el último sultán de Granada, Boabdil, encontró en Laujar uno de sus últimos refugios antes de abandonar definitivamente la península. Durante un breve tiempo, aquel pequeño pueblo de la Alpujarra fue el escenario final de un mundo que desaparecía.
Parecía el final, pero no lo fue.
Décadas después, esas mismas montañas, esos mismos caminos y ese mismo pueblo volverían a convertirse en el centro de un conflicto que sacudiría todo el antiguo Reino de Granada.
La historia no había terminado. Solo estaba esperando.
Un silencio que crecía lentamente
Durante décadas, tras la conquista cristiana, la vida continuó en las Alpujarras con una calma solo aparente.
Los antiguos habitantes musulmanes, convertidos oficialmente en moriscos, seguían viviendo en los mismos pueblos, cultivando las mismas tierras y manteniendo muchas de sus costumbres.
Pero el equilibrio era frágil.
Las nuevas autoridades cristianas intentaban imponer cambios culturales y religiosos cada vez más estrictos.
La tensión fue creciendo durante años.
En 1567, el rey Felipe II promulgó una pragmática que prohibía elementos esenciales de la cultura morisca, como el uso del árabe o la vestimenta tradicional.
Para la Corona era una medida de integración.
Para muchos moriscos, un intento de borrar su identidad.
El descontento empezó a extenderse de forma cada vez más visible. No fue inmediato, pero sí constante. En distintos pueblos de la Alpujarra comenzaron a surgir reuniones discretas, contactos entre familias y conversaciones que ya no eran solo quejas, sino planes.
Las redes locales, basadas en parentescos y vínculos de comunidad, facilitaron que las noticias circularan rápido y que la idea de resistir dejara de ser una reacción aislada.
Todo se fue gestando poco a poco, en voz baja.
Hasta que dejó de ser un rumor.
El nacimiento de un líder
Ese estallido llegó en 1568.
En ese contexto, un joven morisco llamado Aben Humeya fue proclamado líder de la rebelión.
Había nacido como Fernando de Córdoba y Válor, perteneciente a una familia acomodada que afirmaba descender del linaje omeya, lo que le otorgaba un gran peso simbólico.
En su proclamación en Granada tuvo lugar una ceremonia cargada de simbolismo en la que fue reconocido como rey. Según las crónicas, el acto se realizó bajo un olivo, en un gesto que buscaba conectar su figura con la legitimidad del linaje omeya y transformar la revuelta en algo más que un levantamiento local.
Desde ese momento, muchos lo reconocieron como rey.
Pero una rebelión necesita algo más que un símbolo.
Necesita un centro.
Laujar, el centro de la rebelión
Cuando Aben Humeya llegó a Laujar, su autoridad volvió a ser reconocida en un acto solemne ante sus seguidores, reforzando su condición de rey en uno de los principales escenarios de la rebelión. Cronistas como Diego Hurtado de Mendoza recogen esta ceremonia como parte del proceso de consolidación de su liderazgo.
Las crónicas de la época, como las de Luis del Mármol Carvajal, señalan que Abén Humeya se estableció en Laujar, donde fijó uno de los principales centros de la rebelión en el valle del Andarax.
Durante un tiempo, Laujar se convirtió en uno de los principales núcleos del levantamiento. Desde allí se organizaban movimientos, se recibían emisarios y se tomaban decisiones clave.
Por sus calles pasaban mensajeros, soldados y representantes de distintos puntos de la sierra. En sus casas se debatían estrategias.
En sus espacios comunes se decidía el rumbo de la guerra.
No era una elección casual.
Además de su posición estratégica, Laujar tenía un profundo valor simbólico. Apenas unas décadas antes, el último rey nazarí había vivido aquí durante sus últimos días en la península.
En una rebelión que, en parte, soñaba con recuperar algo del antiguo mundo andalusí, aquel recuerdo no debía de pasar desapercibido.
Laujar, un pueblo tranquilo de montaña, se encontraba otra vez en el centro de una historia mucho más grande que él.
Una muerte inesperada
Pero antes de consolidarse, la rebelión se quebró desde dentro.
En octubre de 1569, Aben Humeya fue asesinado en Laujar en una conspiración encabezada por su primo Aben Aboo.
Según relata Mármol Carvajal, fue reducido en sus aposentos y estrangulado con un cordel.
Su muerte no fue solo una traición personal, sino un reflejo de las tensiones internas del propio bando rebelde.
Existe la creencia de que su cuerpo fue arrojado a un pozo, pero las crónicas apuntan más bien a un entierro rápido, probablemente para facilitar la proclamación inmediata de Aben Aboo como su sucesor.
La muerte del líder rebelde en el mismo lugar donde había intentado consolidar su poder marcó un punto de inflexión en el conflicto.
El lugar donde la historia volvió a cerrarse
Si se observa con perspectiva, hay algo profundamente simbólico en la historia de Laujar.
Primero fue el paso de Boabdil, el último sultán nazarí.
Décadas después, Aben Humeya, líder de la mayor rebelión morisca contra la Corona, terminaba muriendo en el mismo lugar.
Como si los últimos ecos de Al-Ándalus regresaran una y otra vez a estas montañas antes de desaparecer definitivamente.
No en palacios ni grandes capitales.
Sino en un pequeño pueblo de la Alpujarra donde la historia se cerró de forma silenciosa, pero imborrable.
Una invitación
Hoy Laujar es un pueblo tranquilo, rodeado de montañas, viñedos y caminos que siguen contando historias a quien quiere escucharlas.
Algunos lugares concretos del entorno, como las cuevas en los tajos del río Andarax, siguen formando parte de la memoria colectiva del pueblo. La tradición oral las identifica como refugio de familias moriscas durante la guerra. Este uso de cuevas como escondite está ampliamente documentado en toda la Alpujarra, aunque los detalles concretos en cada punto pertenecen en parte al recuerdo transmitido generación tras generación.
Si alguna vez vienes a recorrer la Alpujarra almeriense, merece la pena detenerse aquí.
Pasear por sus calles, mirar las montañas que lo rodean y recordar que, hace siglos, este pequeño lugar fue escenario de algunos de los últimos capítulos de la historia de Al-Ándalus.
Y si en ese paseo te entra hambre o curiosidad, siempre puedes pasar por La Tienda de Juanfra, donde además de productos del pueblo y de la tierra, nunca faltan buenas conversaciones sobre la historia de Laujar.
Porque en los pueblos, al final, las historias nunca desaparecen del todo.
Solo esperan a que alguien vuelva a contarlas.
VEN A VISITARNOS
Fuentes y referencias
Este artículo se basa en crónicas y estudios históricos como:
- Luis del Mármol Carvajal — Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada
- Diego Hurtado de Mendoza — Guerra de Granada
- Estudios contemporáneos sobre la Rebelión de las Alpujarras y la taha del Andarax








